34. El Supremo se acerca
Stefanos
El olor a sudor, polvo y furia impregnaba el campo de entrenamiento.
Los lobos se habían dispersado, dejando solo rastros de la lucha en los surcos profundos del suelo. El eco de los golpes aún parecía vibrar en el aire, como un recordatorio mudo de la violencia que había ocurrido allí.
Pero yo aún no estaba satisfecho.
Mis manos se cerraban en puños mientras me alejaba, intentando expulsar la inquietud que ardía bajo mi piel. Mi lobo estaba furioso, gruñendo dentro de mí como un anima