171. El dolor de la pérdida de un hijo
Stefanos
Aún sentía a Nuria contra mi pecho, su olor intentando anclarme a la realidad, cuando llamaron a la puerta.
Un golpe corto. Rápido. Urgente.
Mi cuerpo entró en alerta automática.
"A esto me refiero con que siempre hay algo más...", Nuria suspiró mirándome.
"Te prometí el cielo, no dije que ya estuviéramos allí". Ella sonrió de lado y besé sus labios con cariño.
La aparté despacio, sintiendo su calor escapar, y caminé hasta la puerta.
Rylan estaba allí.
Pálido. La mandíbula tensa. Las m