Capitulo 5
La lluvia en Barcelona había dejado de ser un incordio para convertirse en un cómplice. Mientras caminábamos, el frío se filtraba por mis poros, pero el calor que emanaba de James, ese contacto constante de su brazo rodeando mis hombros, creaba una burbuja invisible donde las leyes de la física y las normas sociales simplemente no tenían jurisdicción. Barcelona era un laberinto de luces reflejadas en los charcos, y nosotros dos éramos los únicos habitantes de un mundo que se estaba deshaciendo p