El invierno en la montaña decidió despedirse con una tormenta que hacía crujir los cimientos de la clínica del Dr. Keller. Pero dentro de Elara, la tormenta era mucho más violenta. Había pasado las últimas cuarenta y ocho horas sintiendo una presión sorda en la base de la columna, un aviso que su mente médica identificaba perfectamente, pero que su instinto de madre temía.
Sucedió mientras terminaba de esterilizar un set de suturas. Un dolor líquido, expansivo y brutal, le recorrió el vientre