La primera semana de silencio fue una prueba de resistencia para la cordura de Dante Vance. La mansión, privada de los gritos de inocencia de Elara y del sonido de sus pasos apresurados, se había convertido en un mausoleo de lujo donde el tiempo se medía en el goteo constante de la solución salina y el paso de las enfermeras que Dante había contratado bajo un contrato de confidencialidad inquebrantable.
Sin embargo, para el séptimo día, Dante despidió a todo el personal nocturno. No soport