Rosa recortaba su silueta contra la luz del vestíbulo. Esperaba con los brazos cruzados, con la solidez de quien ha sido el pilar absoluto de esa casa en los peores momentos. Al ver a Dante con los niños, su rostro se ablandó. Amara se acurrucaba con la mejilla aplastada contra el hombro de su padre, entregada por completo a la seguridad de tenerlo de vuelta; Mateo caminaba pegado a su costado, como si temiera que pudiera desvanecerse. Elara cerraba el grupo con un paso ligero que Rosa no le ve