Elara se llevó una mano a la espalda, sintiendo el peso de su vientre mientras caminaba por la cocina. Aquellos meses de espera, que al principio parecieron una eternidad, se habían esfumado en un suspiro, y aunque aún faltaban unos días para la fecha prevista, una punzada inusualmente fuerte la hizo detenerse en seco.
El vaso que sostenía en la mano resbaló de sus palmas, y cayó al suelo, rompiendo la quietud de la tarde. Elara se apoyó con todas sus fuerzas en el borde de la encimera, conte