El olor del café por las mañanas, que antes era su parte favorita del día, se había convertido en el primer enemigo de Elara.
Dejó la taza intacta sobre la encimera de la cocina y se apoyó contra el mueble, esperando a que el leve mareo que le subía por la boca del estómago se disipara. Solo eran seis semanas de embarazo, pero su cuerpo ya empezaba a dictar sus propias reglas, ajeno a la rigurosa agenda médica que ella pretendía mantener en su clínica.
Unos pasos firmes y pausados rompie