El despacho principal de Vance Enterprises estaba inundado por la cruda luz de la mañana que entraba a raudales por los enormes ventanales. Dante estaba sentado detrás de su escritorio de roble, con las mangas de la camisa arremangadas hasta los antebrazos y la corbata desanudada. Sus ojos estaban enfocados en la pantalla de su ordenador.
La puerta doble se abrió sin previo aviso.
Viviana Belmonte entró con la barbilla en alto, el taconeo de sus estilettos resonando con fuerza en el despa