La clínica privada estaba envuelta en un silencio pulcro cuando Elara bajó del coche. Solo habían pasado un par de semanas desde que confirmaron su propio embarazo, pero esa mañana el destino tenía otros planes. Sophie se había puesto de parto de madrugada.
Al empujar la puerta de la suite de maternidad, la tensión de la clínica desapareció. Sophie estaba recostada en la cama, cansada pero con un brillo radiante en los ojos. A su lado, Thomas no se separaba de ella ni un segundo; le sostení