Dante Vance avanzó por el pasillo de la planta alta con el paso firme de un general que acaba de reclamar una victoria estratégica. Sus zapatos impactaban contra la madera pulida en un ritmo metódico, implacable. Sin embargo, al alcanzar el descanso de la gran escalinata de mármol, un pinchazo agudo, súbito y abrasador le atravesó el centro del pecho.
El magnate se detuvo en seco, conteniendo el aliento de golpe mientras el oxígeno se volvía plomo en sus pulmones. La opresión fue tan violent