El cuero negro del Rolls-Royce blindado olía a nuevo, un aroma estéril, frío y costoso que combinaba a la perfección con la rigidez del ambiente dentro del habitáculo. Dante Vance, vistiendo un traje gris marengo cortado a medida que disimulaba con elegancia la sutil pérdida de peso tras su traumática hospitalización, observaba los reportes financieros en su tableta. Su mirada era un par de cuchillas oscuras, frías e implacables desprovistas de cualquier rastro de calidez humana. A su lado, Mar