El sonido de unos neumáticos frenando sobre la grava de la entrada principal interrumpió el desayuno en el comedor familiar. Elara, que apenas había probado su taza de té negro, enderezó la espalda de inmediato. Los gemelos terminaban de comer sus panqueques ajenos a la tensión que flotaba en el aire, pero ella sabía perfectamente lo que significaba ese ruido.
Aquel hombre sin recuerdos, transformado en su peor enemigo, ya había empezado a mover sus hilos desde la suite de Vance Medical.