Un alboroto generalizado estalló entre los invitados, que comenzaron a moverse en sus asientos, llenos de confusión. En la entrada del palacio de cristal, burlando la seguridad exterior, apareció Seraphina. Su aspecto era espeluznante. Llevaba un vestido de seda verde esmeralda que se ceñía a su cuerpo, pero su rostro estaba pálido, desencajado, y su cabello pelirrojo colgaba desordenado sobre sus hombros, empapado por el sudor de la demencia. Tenía los ojos inyectados en sangre, desorbitados,