La mañana se levantó sobre la residencia Vance con una belleza limpia, casi dolorosa por lo perfecta. El sol tocaba las copas de los árboles del inmenso jardín y encendía los paneles de la estructura que Beatrice había levantado. Era un templo de vidrio y hierro negro que devolvía destellos dorados hacia el cielo, un palacio transparente rodeado de miles de orquídeas blancas que trepaban por los bordes y perfumaban el aire con una fragancia dulce y fresca. Todo vibraba con una expectación sile