La luz del amanecer se filtraba de manera grisácea por la pequeña claraboya de la habitación de servicio. Elara se despertó con el cuerpo pesado, como si hubiera sido arrollada por un camión de carga. A pesar de las vitaminas que el doctor Miller le había administrado, el agotamiento emocional era una losa que ninguna medicina podía levantar. Se levantó con lentitud, evitó mirar su reflejo en el pequeño espejo desconchado sobre el lavabo y se puso el uniforme gris que Dante le había asignado co