La mañana había amanecido oscura, como presagio de la tormenta que se avecinaba. El aire estaba impregnado de electricidad estática y un silencio expectante reinaba en el almacén abandonado, donde se había trazado el operativo. La información de una “transmisión especial” había guiado a Alexander y su pelotón hasta ese lugar, la última pista de que Ricardo, tan astuto como despiadado, había decidido enfrentarlo cara a cara.
Alexander mantenía la mirada aguda y el rostro curtido, reflejo de inco