DANTE
Las líneas en el techo se hicieron lentamente claras con la luz del día que se filtraba a duras penas por el umbral.
Mis ojos ardían con solo parpadear: síntomas del insomnio al que me había sometido involuntariamente.
Por primera vez en años cuestioné mis decisiones y sentí el peso de los hubieras. Bastaba con no irme aquella noche, y toda esta historia ahora sería completamente diferente...
Después de unas pocas horas, Dylan y mi padre, con resaca, se despertaron y se marcharon de prisa