HARPER
El ascensor subía tortuosamente con una lentitud. Cada número que se iluminaba en el tablero parecía burlarse de mí, contando los segundos que me acercaban a un encuentro que no estaba segura de querer. O tal vez sí lo quería, y ese era el problema. La carpeta de cuero de mi padre quemaba en mis manos, una excusa tan frágil como el autocontrol que me quedaba.
—Quince… dieciséis… diecisiete… —repetí los números como tonta.
Afortunadamente estaba sola o pensarían que era mi primera vez en