Mundo de ficçãoIniciar sessão—¿¡Qué!? ¡No! —negó rotundamente Melisa—. Thomas jamás haría eso.
Su voz era firme, seria, y aunque trató sostener mi mirada, la apartó hacia el suelo.La angustia y el miedo se abrieron paso en mi pecho. Intenté tocarla, pero no sabía cómo, no quería lastimarla.—¿Es por eso que no viniste ayer a clases?—No, fue porque tuve que cuidar a mis sobrinos —contestó rápido.—No te creo.—Es la verdad —replicó mirán






