El Joven Alfa Drago, llevaba a la leona Adriana, en su hombro hacía su habitación, ella pataleaba y peleaba para que la soltara pero la extraordinaria fuerza del lobo no tenía punto de comparación con la de ella
— ¡Bájame bestia salvaje, no tienes ningún derecho sobre mí, soy una leona libre, puedo besar al lobo que yo quiera y tú no puedes impedirlo! ¡¿escuchaste?! — gritaba la leona
Al Alfa poco le importaron sus gritos y sus reclamos, se dirigió sin mirar a su cuarto, Angelo, los vió y quiso