POV DE KIRA
El mundo se había reducido al cuadrado de alfombra iluminado por el sol y al peso de un pequeño lobo de madera en la mano de mi hijo. Scott narraba una gran aventura en su lenguaje de zumbidos y gruñidos decididos, moviendo la figura a través de un paisaje de bloques esparcidos. Su cabello, del mismo tono cálido del roble, caía sobre su frente. Tenía la mandíbula terca de su padre, pero los ojos, cuando levantaba la mirada y me sonreía, eran completamente míos: claros, grises y evaluadores. Un pedazo de Callum, tejido para siempre en mi vida, un ancla agridulce hacia un pasado que solo parecía más simple cuando lo miraba en retrospectiva.
Esta quietud, jugando en el suelo de la jaula dorada, era un cese al fuego temporal. En dos días, las puertas se abrirían y nos deslizaríamos por ellas, convirtiéndonos en fantasmas en el viento. La Ciudadela, con sus protocolos asfixiantes e intrigas más afiladas, podía quedarse con su trono. Mi reino estaba aquí, en este pequeño cuerpo