POV DE SIMEÓN
El miedo tenía un sabor.
Era el regusto metálico a cobre de la sangre, donde me había mordido por dentro la mejilla hasta dejarla en carne viva. Era el agua rancia y tibia de la jarra que mis guardias rellenaban cada vez con más desgana. Era el fantasma de amaretto y clavo—ese aroma dulce y envenenado que impregnó el aire cuando llevaron el cuerpo de Jack frente a mi celda, y luego el de Delilah.
Me estaba ahogando en él.
Mi celda en la torre oeste de la Ciudadela no era una mazmo