POV DE KIRA
Dos días. La arena en el reloj de mi vida en la Ciudadela se había reducido a un fino, susurrante hilo. Mi mundo se había convertido en un estudio de sustracción meticulosa. Cada objeto que colocaba en el desgastado morral de cuero era una renuncia consciente: un juguete para Scott, una túnica práctica para mí, un pequeño puñal, provisiones secas. Estaba despojando mi existencia aquí hasta dejarla en sus huesos más simples y transportables. La habitación opulenta, con sus tapices y