POV DE KIRA
Un extraño silencio suspendido había caído sobre mis aposentos en los dos días desde mi enfrentamiento con Elizabeth. Era la quietud de un campo de batalla después de la primera descarga, antes de que los ejércitos chocaran. El aire estaba cargado de cosas no dichas, de planes moviéndose en la oscuridad, del dulce y persistente fantasma del veneno.
Mis propios planes eran cenizas. La partida limpia y silenciosa que había imaginado—escabullirme con Scott bajo el amparo de una noche compasiva—era imposible ahora. Irme era huir. Y yo no huía de amenazas. Especialmente no de aquellas vestidas en seda lavanda que prometían hacerle daño a mi hijo.
Yo era una criatura de acción, de desafíos claros y soluciones directas. Elizabeth no era ninguna de las dos cosas. Era una neblina que se filtraba en las grietas, un perfume que se adhería donde no lo querías. Su amenaza no había sido un juramento gritado; había sido un ultimátum suave, sonreído. Me congeló en el sitio más eficazmente