Erik llegó al fiordo en una fría mañana de marzo.
El paisaje estaba cubierto por un manto de nieve que parecía eterno, pero algo en el aire había cambiado. Una quietud nueva, una paz diferente. Como si el lugar supiera que algo importante había ocurrido.
Lena lo esperaba en el muelle, envuelta en un abrigo demasiado grande para su delgada figura de doce años. Cuando lo vio aparecer, corrió hacia él y se abrazaron largo rato, sin palabras, sintiendo el calor del otro en medio del frío.
—Los niño