El verano de 2058 comenzó con una explosión de luz y color que parecía celebrar el regreso más esperado.
Los niños habían vuelto. Pero no eran los mismos que se fueron.
El pequeño Erik, ahora con cinco años (o quizás más, porque el tiempo en el otro lado era diferente), tenía una mirada que parecía contener océanos de sabiduría. Lukas, con siete, hablaba de cosas que ningún niño de su edad debería saber. Nils, con diez, había desarrollado una conexión con la naturaleza que asombraba incluso a R