El invierno de 2054 fue el más productivo para Erik y Daniel.
El libro crecía página a página, capítulo a capítulo. No era una historia lineal, sino un tejido de voces, de perspectivas, de preguntas. Erik aportaba sus reflexiones, sus dudas, sus momentos de claridad. Daniel daba forma, orden, estructura. Y Lena, con su presencia silenciosa, tejía todo con el hilo invisible de su luz.
—Es como si ella supiera exactamente qué va después —decía Daniel, asombrado—. A veces dudo y ella me mira, y en