El verano de 2054 llegó al fiordo con una luz dorada que parecía bendecir cada rincón.
Erik tenía quince años, y su papel como guardián de las preguntas se había consolidado. Pasaba horas escribiendo en su diario, conversando con Daniel sobre el libro que estaban construyendo, y sobre todo, observando a Lena.
Lena, con ocho años, había florecido de una manera que asombraba a todos. No solo veía la luz y hablaba con los que ya no estaban; ahora también parecía irradiar una calma, una paz que con