La oscuridad no era la del lugar blanco. Era la oscuridad densa, húmeda y fría de la cavidad bajo el hielo. Mis manos tocaron la piedra negra del suelo. Sólida. Real. Kael tosía a mi izquierda, y Lena, a mi derecha, respiraba con dificultad, pero respiraba.
La puerta ya no estaba.
Donde antes había un arco negro y una membrana de luz giratoria, ahora solo había pared lisa de obsidiana. Los símbolos geométricos se habían desvanecido. La roca era tan inerte como cualquier otra roca en cualquier o