El verano en el fiordo era una explosión de luz. El sol no se ponía durante semanas, y la cabaña flotaba en un crepúsculo perpetuo que confundía el paso de los días. Aprendí a vivir con eso, a medir el tiempo por las comidas y el sueño, no por la oscuridad.
Lena había convertido un cobertizo en su laboratorio. Pequeño, sí, pero con lo esencial: ordenadores, conexión satelital, un microscopio y muestras de todo lo que crecía en los alrededores. Me dijo que era "investigación personal", pero yo s