Zúrich se extendía bajo mi ventana, gris y ordenada. El hotel era anónimo, el barrio tranquilo, la identidad de Simon Clarke impecable. Llevaba tres días esperando la llamada de Thomas, usando el tiempo para reforzar mi cobertura, escribir artículos falsos, mantener el blog actualizado. La normalidad era mi mejor defensa.
Pero por las noches, cuando la máscara se aflojaba, el frío regresaba.
La estación en la montaña no se parecía a nada de Packer. Packer era un tiburón en aguas turbias, improv