El zumbido en la cámara se transformó en un canto. Un coro de frecuencias perfectas, ascendiendo en una escala que no era música, sino matemática hecha sonido. La esfera de luz y oscuridad en el centro comenzó a contraerse, girando más rápido, compactándose. Los filamentos de energía que conectaban a Lena y a los otros cuerpos al núcleo se tensaron, brillando con una intensidad cegadora.
—¡Es ahora! —gritó Lena, su voz distorsionada por la energía—. ¡Tiene que ser controlado! ¡Concéntrate en la