La mañana del 1 de enero de 2047 amaneció clara y fría sobre el fiordo.
Erik fue el primero en despertar. Se levantó sin hacer ruido, se puso las botas y el abrigo, y salió al porche. El sol comenzaba a asomarse tras las montañas, pintando el hielo de tonos rosados y dorados. El paisaje era tan hermoso que por un momento se quedó sin respiración.
—Es el primer amanecer del año —dijo una voz detrás de él.
Era Kael. El anciano se sentó a su lado, envuelto en una manta, con su mirada de acero más