El invierno de 2045 fue tranquilo en la cabaña del bosque.
Erik había cumplido seis años y su curiosidad no tenía límites. Cada día era una nueva pregunta, cada noche una nueva historia. Sofia y Leo hacían malabarismos para responder a todo, pero a veces las preguntas eran demasiado grandes, demasiado profundas.
—Papá —dijo una tarde, mientras la nieve caía suavemente—, ¿por qué algunas personas pueden ver la luz y otras no?
Leo dejó el libro que estaba leyendo y lo miró. Su hijo tenía esa capa