El camino de regreso fue un trance. La vibración en nuestros huesos se desvaneció gradualmente, pero el silencio anormal del bosque nos siguió durante cientos de metros. Lena caminaba con determinación mecánica, sus ojos clavados en el camino, procesando lo que acabábamos de ver. Yo solo podía pensar en la tierra tragándose a Sokolov, en la luz que respondía a una canción. No había lugar para eso en mi mundo, un mundo de maletines y traiciones pequeñas.
Llegamos a la furgoneta en silencio. Lena