La espera en el bosque húmedo fue una agonía de frío y paranoia. Cada crujido de una rama, cada canto lejano de un pájaro, me hacía pensar que los hombres de Sokolov me habían encontrado. Me encogí más entre las raíces del árbol grande, tratando de hacerme invisible. El disco duro y el cuaderno de Piotr pesaban en mi interior como una losa, no solo por su valor, sino por la responsabilidad que implicaban.
Me había lanzado a un acantilado, desafiando a dos fuerzas poderosas con solo una rama pod