PUNTO DE VISTA DE LOE
La mente, como el reino, tiene sus límites. Durante cuarenta años, había sido el Observador. Había mapeado flujos, conflictos, vitalidad, patrones de pensamiento, primeras flores. Había supervisado la evolución de una idea en un sistema, de un sistema en un organismo. Mi torre no era solo mi estudio; era la cámara craneal del reino, y yo su mente consciente. Pero incluso la mente más aguda no puede contener la totalidad de lo que observa para siempre.
Los primeros signos fueron sutiles. Un temblor en la mano al trazar una línea fina. Una palabra, tan familiar, escapándose en el momento crucial. Un mapa que conocía íntimamente parecía, por un instante desorientador, un enigma de colores y líneas sin sentido. Lo atribuí al cansancio. A la complejidad creciente. Pero Elara, cuyos ojos jóvenes no perdían nada, vio la verdad antes que yo.
"Tu patrón está cambiando, Observador", dijo una tarde, su voz suave pero sin concesiones. Estábamos revisando la nueva capa del "P