Desde aquel amargo encuentro entre Leonor, Emily y Gabriel, habían pasado tres días. Tres días en los que Gabriel estuvo a punto de perder la cabeza.
El tiempo se volvió un enemigo, cada segundo se arrastraba, cada amanecer dolía más que el anterior. La angustia, el enojo y la traición se entremezclaban, haciéndolo sentir una tormenta en su interior.
El sueño apenas si podía conciliar, dos o tres horas de sueño después del que cansancio le ganaba. Apenas su probaba bocado, su estómago parecía