La sala de espera quedó silenciosa después de que Emily desapareció por el pasillo. Silenciosa, pero no en paz. Ese tipo de silencio es peor: el que se instala justo después de que alguien te arranca el aire del pecho con las manos frías.
Leonor apoyó la cabeza contra la pared tratando de respirar, pero cada inhalación le ardía; era como si el miedo se le hubiera metido en los pulmones. El resto del mundo seguía girando alrededor: enfermeras caminando rápido, teléfonos sonando, familiares llora