Las aguas al parecer se calmaron por unos días, no había Emily rondando por ahí y la madre de Gabriel parecía haberse calmada.
Las visitas a la clínica por Gabriel se hicieron más frecuentes y Clara era quien disfrutaba más la visita. Ese día en particular, Gabriel llegó al hospital más temprano de lo habitual, tenía el pulso acelerado como el primer día que entró a la habitación de Clara. Era temprano, tanto que algunas luces del pasillo seguían encendidas en modo tenue, apenas pintando sombras largas sobre el piso brillante. Su respiración salía en pequeñas nubes de nerviosismo, no por el frío de la mañana, sino por lo que llevaba en las manos: una pequeña bolsa transparente con algunas muñecas de sirena, una de cabello rosado y otra de cabello turquesa, con colas brillantes que parecían moverse con la luz.
No sabía si era lo correcto. No sabía si era demasiado. No sabía nada. Solo sentía y sentir, en ese punto de su vida, era una mezcla de dulce y doloroso.
Se detuvo frente a la p