Gabriel caminaba por las aceras de la ciudad con paso apresurado, el día que tanto esperó había llegado y con él, el peso de un silencio de cinco años.
Su mirada estaba firme en cada paso que daba, aunque su cabeza pensaba en cómo sería esa conversación, qué le diría Leonor que justificara cada cosa que había hecho.
Llegó a la puerta de la cafetería y allí estaba Leonor sentada con sus manos sobre la mesa acariciando la tasa de café que había pedido para calmar sus nervios.
La cafetería del