Al amanecer, las risas de Clara jugando por la casa despertaron a Leonor. El sol había comenzado a asomarse entre las cortinas, llenando la habitación de una luz dorada y suave. Afuera, en el jardín, pequeños charcos de lodo se habían formado tras la lluvia de la noche anterior. Clara, con la energía que solo los niños parecen tener al despertar, estaba emocionada por recorrer el lugar y explorar cada rincón. El patio amplio parecía hacerle una invitación irresistible a saltar, correr y salpica