Es mi hija, de nadie más.
El golpe de la puerta del carro al cerrarse aún resonaba en la cabeza de Leonor, igual que las palabras cargadas de tristeza y reproche que salieron de la boca de Gabriel.
Lo cual la dejó completamente inmóvil, aturdida y sin saber que más decir, para cuando quiso voltear para mirar a Gabriel, ya no estaba. Solo el vacío y el eco del portazo, como si el universo hubiera decidido cerrar también esa parte de su vida.
Aún su cuerpo temblaba. Sentía las piernas débiles, el corazón latiendo con fuer