SEATTLE , 9:00 P. M.
Desde los enormes ventanales de la sala VIP, las luces del club teñían el ambiente con destellos azulados y dorados que cambiaban al ritmo de la música. Abajo, la pista estaba completamente llena.
La gente bailaba, reía y levantaba las copas mientras el sonido grave de los bajos hacía vibrar discretamente el suelo.
Clarisa permanecía sentada con una copa entre los dedos, observando el movimiento desde la tranquilidad del reservado. Frente a ella, recostado con absoluta co