A la mañana siguiente, Valeria abrió los ojos sin saber exactamente en qué momento había dejado de estar despierta. No había descansado lo suficiente, y menos después de lo de ayer… su cuerpo lo sentía pesado, pero su mente seguía igual de activa que la noche anterior. Permaneció unos segundos mirando el techo, en silencio, tratando de ubicarse… hasta que la realidad volvió de golpe, llevándola a recordar ese acuerdo, que si , para nada estaba en condiciones de rechazar. Cerró los ojos un instante, dejando escapar el aire lentamente. Dormir ahí había sido casi imposible. No por la cama, que era más cómoda que cualquiera que hubiera tenido antes, sino por todo lo demás , y eso incluía a Adrian. Giro ligeramente el rostro hacia un lado, con el ceño apenas fruncido. Parecía totalmente perdida, hasta que un toque suave en la puerta la sacó de sus pensamientos. —¿Si?... —Señora, el desayuno está listo —informó la voz del otro lado de la puerta, con un tono respetuoso y medido. Valeria
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