|| SEATTLE, WASHINGTON ||
3:26 p. m.
El lugar tuvo la delicadeza de recibirlos con un cielo gris. Valeria lo notó apenas descendió del avión y el aire fresco golpeó su rostro. No llovía, aunque el pavimento conservaba ese brillo húmedo qué hacía parecer que podía empezar en cualquier momento. Después de tantas horas encerrada, agradeció poder estirar las piernas, aunque todavía sentía el cuerpo un poco pesado por haber dormido a ratos y en posiciones qué, por muy cómodo que fuera aquel avió