—¿Aún puedo bajarme de aquí?
Valeria lo dijo mientras apretaba con ambas manos los reposabrazos del asiento y mantenía la vista fija al frente, como si observar con suficiente insistencia las puertas del avión pudiera hacer que se abrieran por consideración.
Hace apenas unos días su mayor preocupación había sido sobrevivir a un escándalo fabricado , y con suerte había conseguido salir de aquello con la verdad más o menos intacta. Y ahora estaba dentro del avión privado de Adrián, rumbo a Seat