La casa tenía un ritmo diferente por las noches.
Mucho más silencioso.
Valeria bajaba las escaleras sin demasiada prisa cuando el timbre sonó en la entrada principal. Apenas había llegado al último tramo cuando una de las empleadas cruzó el vestíbulo para abrir.
La puerta se abrió.
El hombre que entró no parecía alguien que necesitara preguntar si podía hacerlo. Ella lo observó. Alto, impecablemente vestido y con una tranquilidad algo insolente, avanzó un par de pasos mientras se quitaba los g