La luz del sol se filtraba con fuerza a través de las cortinas entreabiertas de la suite. Clarisa abrió los ojos lentamente, con un dolor de cabeza punzante que le latía en las sienes. Se quedó unos segundos mirando el techo desconocido, reconociendo poco a poco el lugar.
El brazo de Franco descansaba pesadamente sobre su cintura, y su respiración tranquila y profunda indicaba que aún dormía a su lado.
—Mierda...— ella soltó un suspiro bajo y se pasó una mano por la cara. No había sorpresa